miércoles, 4 de junio de 2008

XXY

XXY
(Argentina, Francia, España. 2007)


Director: Lucía Puenzo
Productor: José María Morales, Luis Puenzo
Guión: Lucía Puenzo
Productor ejecutivo: Fernando Siarinni
Director de fotografía: Natasha Braier
Editor: Alex Zito
Música:
Intérpretes: Inés Efron, Ricardo Darín, Martín Piroyanski, Germán Palacios, Valeria Bertuchelli, Carolina Pereleti, Luciano Nobile, Juan Pierre Reguerraz



Género: Drama
Duración: 86 min.

La identidad sexual ambigua de una adolescente sirve a Lucía Puenzo como base para realizar una sutil radiografía de una familia en crisis. Una historia intensa y tortuosa que no deja indiferente al que la ve.

CONOCERSE A UNO MISMO

De Argentina nos llega una historia de pasión contenida, miradas tensas y sexualidad confusa que obtuvo, entre otros galardones, el premio de la crítica internacional en el festival de Cannes y el Goya a la mejor película extranjera de habla hispana. Alex (Inés Efron) es hermafrodita, un especimen único y extraordinario en un mundo incapaz de aceptar la diferencia. Sus padres, Kraken (Ricardo Darín) y Suli (Valeria Bertuchelli) buscan refugio en Piriápolis, la frontera entre el mar y la tierra, un lugar en ninguna parte. Pero Alex es demasiado especial como para pasar inadvertida. Los vecinos la miran como un bicho raro, como un fenómeno de la naturaleza. Cuando su secreto queda al descubierto, Suli busca ayuda médica para efectuar un cambio de sexo y evitar que su hija se convierta en hombre.

La historia comienza cuando Ramiro (Germán Palacios, el cirujano plástico), su esposa Erika (Carolina Pereleti) y su hijo Álvaro (Martín Piroyanski) viajan hasta Piriápolis para conocer a Alex. Kraken se enfrentará a todos con tal de preservar la identidad sexual de su hija y su capacidad de decisión. Mientras Alex y Álvaro descubren juntos su sexualidad, con resultados inesperados para ambas partes.

Estas son las líneas maestras de "XXY", una historia difícil pero apasionante, morbosa y delicada como una flor. Lucía Puenzo retrata con estilo y sensibilidad los conflictos de Alex y los que le rodean, sugiriendo más que mostrando, arrastrando consigo a un espectador, que se convierte sin saberlo en testigo y cómplice de la acción. La sexualidad ambigua de Alex se convierte en un preciado secreto, que se va desvelando poco a poco, con un esquema narrativo semejante al de un thriller. El tempo narrativo es lento, casi hipnótico. Esta es una película de tiempos muertos y miradas perdidas, en las que el silencio se convierte en el diálogo más elocuente.